Reflexiones sobre el Dolor

Por : Jorge Botero (Yordan)

Somos parte de un misma humanidad, de un mismo cuerpo social, de una misma entidad relacional. Ordenada. Perfecta. Sagrada. En la que nadie cambia a nadie; y nadie daña a nadie. En la que la "injusticia" o el "abuso" o la "traición" o el "abandono" o la "pérdida" percibidas son apenas la puesta en escena de una lección pendiente...

Lo que sucede, sucede siempre por un motivo, tal vez para recordarme mi lugar, mi historia, mi tarea... mi nivel. O para madurar y empalmar el proceso que traía y traigo... traemos todos...

O tal vez para afianzar el kharma (lo pendiente) - y el dharma (lo resuelto).... lo infantil y lo maduro.... lo doloroso y lo significante... propio de un ejercicio de consciencia, perspectivista diría Fromm, en el que tendremos siempre unas tareas pendientes; y unos tiempos propios... no siempre libres.

Cada quien camina sus lecciones al ritmo que le place... o que le corresponde... qué sé yo: rápido o lento... pero eso, ciertamente, nos distingue unos de otros. Puede uno tomarse siglos en superar una aparente pérdida; o hacerlo en minutos.. puede insistir en la rabia durante semanas, meses, años y vidas ... validando la cadena culpa-perdón-pecado-castigo- salvación... golpeando y puteando a diestra y siniestra... excluyéndose.. defendiendo, como comentaría oportunamente el filósofo Espinoza, "...su propia esclavitud  como si se tratara de la libertad"... o puede preguntarse, en menos de lo que canta un gallo, ¿qué dice esto de mí?¿cómo es ésta mi historia?.... en silencio...

Incluyéndose..  pues al hacer cierra...recoge, comprende... con humildad...

Sin pendientes.

Al admitir, por ejemplo, sin reclamo alguno -desde sí- lo sucedido ( literal o figurado) ... accede de inmediato a un recurso imposible de describir... a la pregunta circular, abierta. Aquella capaz de formular un exámen sin juicio... hasta completar un maduro exámen (señalado tantas veces por el Bhuda), sereno y sensible de la experiencia ... y con eso solo, las circunstancias, se van  transformando; convirtiendo en oportunidad; en una oportunidad reconocible ... con un centro liviano... en un ejercicio único (de desarrollo) que deja entonces resueltas, elaboradas, verbalizadas, escritas y dramatizadas y compartidas las angustias.... en sus más íntimos detalles... dando origen a la experiencia liberadora.

Sí, a la experiencia directa... a la experiencia "digna".Aquella en la cual, las "gracias" se tornan necesarias... o mejor, indispensables.

Nada pasa porque sí. Gracias. La circunstancia, especialmente la dolorosa, es la forma como el todo, el cuerpo social, nos pone el dedo en la herida, en lo inmaduro... y nos señala el camino. Gracias. Es la forma como nos abre las puertas...  gracias... como nos pasa por los temas que vinimos a elaborar:  lo "bueno" y lo "malo", lo "moral" y lo "inmoral", lo profano y lo sagrado...literalmente, lentamente... como para que haya reflexión...  gracias.

Es la manera como el "abandono", el "robo", la "pérdida" y el "fracaso" cambian entonces de sentido: pasan de ser abstracciones y sentencias, para volverse testigos simples; o, por qué no decirlo, testigos dramáticos. Trascendentes. Únicos. Cuando la "pérdida" se lee como testigo (y no como problema), el dolor se asocia con el nivel pendiente... y el ser empieza, sin explicación alguna, a ver (y por tanto a sanar) su puta interna, su madre manipuladora, su jefe obligante, su niño llorón....  en silencio.

Empieza a "ver", a ver.. sí, a ver a través de los diversos roles y fragmentos expuestos, más allá de los diversos lentes y lupas... o posiciones. Empieza a ver y a mirar con claridad. Con muchos ojos. Desde muchos ángulos.

Y su desarrollo, confieso -dentro de una unidad (comunidad) ordenada y sabia- empieza a girar, a cobrar centro - incluyente- a volverse realidad, hasta convertirse en el compendio nítido de lo humano y lo no humano (incluso de lo inhumano), de lo visible y lo sutil, de alto y de lo bajo, de lo claro y lo oscuro... con variantes, como para no aburrirnos...  regido por principios, eso sí, en particular de la ley de la fractalidad: como es arriba es abajo, como es la parte es el todo... como fue mi jefe o mi socio o mi verdugo soy yo..., y, por supuesto, por la ley de la correspondencia o circularidad ( lo recibido es lo dado), sobre la cual se apoya todo este trabajo sistémico.

Digo "confieso" porque podría entenderse de otra manera... el libre albedrío existe... podemos ignorar el tema y seguir sufriendo. Depende de vos.

Yo opté, libre y conscientemente, por un camino en el que no cabe queja alguna o reclamo o resentimiento o sufrimiento, excepto como chiste de mal gusto. Y me hago cargo de las consecuencias: aunque nunca me quedaron totalmente claros los porqués de lo vivido -el regaño de niño, la amenaza y soledad de adolescente,  o el despido de adulto-  tras un  período largo de cocción (obligado), la experiencia se ha convertido en un delicioso ajiaco...sí, en un caldo nutritivo, parecido al que mi amada Clarita prepara los miercoles a la hora del almuerzo: sabroso... espesito...  caliente... a veces demasiado caliente, es cierto ... o picante... que degusto y mastico lentamente.

Es un llamado... a la " paciencia", tal vez, que no es sino un pequeño paso adicional.

No es necesario, digo yo ahora, entenderlo todo desde el principio. El no entender, a los cinco años la ausencia repentina de papá, o la culpa de mamá, no hizo más daño del que ya estaba ahí... en el alma. Latente. Por el contrario, definió y articuló el proceso. Abrió el folio. Sentó los cimientos.

Nadie ni nada tiene el poder de "dañar" a otro... decir lo contrario es excluirse, es aislarse y justificarse... es negar la historia. En el contexto de lo sagrado, fruto de  millones de años de prueba y error de millones de seres que acompañan y definen este viaje, incluyéndonos, tal cosa es imposible.

Habrá parcialidad, eso sí, para que quepamos todos. Y dolor, eso sí, para ayudarnos a recordar. Y tiempos muertos y calma chicha, para darle tiempo a la mente terca... pero no "daño".

Nadie digiere todo al tiempo, es cierto... la experiencia, es y será, siempre, secuencial, incompleta... pero a menos que se haga un juicio de aquello, apunta siempre al camino más corto. Yo vivo o veo hoy un pedazo, vos otro... sorpendidos ambos... inmaduros ambos... dolidos ambos... ciegos ambos. Pero, si en vez de criticarlo o juzgarlo, volvemos una y otra vez sobre el tema, y los demás complementarios, bajo una y otra luz, ... podemos ir armando el gran rompecabezas... pieza por pieza; y, en el tiempo, al encajar esas piezas, todas las piezas, podremos ver la película grande; incluidas las dolorosas y las gozosas, progresivamente... sin queja... en medio de un presupuesto simple:

No hay, o hubo, error o injusticia jamás.

No hay, o hubo, equivocación... jamás... suponer lo contrario servirá para justificar la inacción y la terquedad, pero no para avanzar. El desarrollo consiste, por mi madre santa y bella, no en "liberarnos" de algo o alguien, con actos de guerra, o de fronteras, razgadas las vestiduras, o con promesas, o compromisos o negocios o acumulaciones (que finalmente postergan y niegan el ejercicio), sino al incluir... al incluirnos en esa historia.

Una sola: la tuya y la mía.

El desarrollo, repito, es un fenómeno de inclusión.... que aparece cuando el observador y lo observado se entienden (leen) como un mismo fenómeno.

Nacimos y nos criamos justo donde nos corresponde. Gracias. El dolor es proporcional a la terquedad implícita.  Gracias. La felicidad es proporcional al nivel de desarrollo logrado. Gracias. Solo resta hacernos conscientes de cómo pasar de un estado al otro... del cómo, del para qué y del hacia donde apunta la experiencia... hasta sabernos células indispensables de una misma realidad que evoluciona y crece y experimenta y madura... al tanteo... a la caza de lo cierto... de lo que es...

.. no de lo que quisiera que fuese...

Nadie cambia por invocar o desear el cambio. Nadie se libera por declararse libre o comprensivo. Que el dolor continuado no nos confunda. Hemos sufrido, es cierto... y quisiéramos salir de ahí, es cierto... pero no sucede por pensarlo, o decirlo, o afirmarlo... o tolerarlo.

La tolerancia y el perdón hacen parte de la basura conceptual.

El sufrimiento (dolor continuado), para decirlo de manera simple, es terquedad. Arraigo. Necedad. Y cesa, no cuando yo "quiero", o me lo propongo o lo tolero (que es prepotencia); sino cuando integro.... cuando comprendo la estructura y naturaleza del conflicto... más allá del tema específico conflictuado. En mí.

El intento de cambiar es la terquedad... es el conflicto mismo.

Al aceptar la aparente pérdida como punto de partida -como punto indispensable de partida- sin  cambiar nada, el dolor se desvanece... se transforma... sin pendientes... permitiéndonos encontrar terreno común, es decir, un espacio físico y psicológico donde aparecen por fin los significados, las coherencias .... donde se vuelven viables, por arte de magia, los acuerdos y convivencias, en medio de una individualidad (singularidad) significante... y un diálogo abierto: el de la consciencia.

Ciclo por ciclo. Paso por paso.

Sé que he comprendido cuando sonrío y agradezco el ciclo entre manos (llamese día, mes, pubertad, empresa, compra-venta de afecto o vida), es decir, cuando la realidad se vuelve relevante (mía)... pues allí aparece algo que podríamos llamar ecología relacional: esa experiencia en la que el trato con el otro se deriva del trato conmigo mismo.  En la que la queja, sobre todo la rabiosa, se desvanece, y con ella, el sufrimiento. En la que la experiencia se vuelve entendible, y nos turna, de hecho, los roles, los guiones, los recursos... hasta dejar en claro una nueva posición: podemos perpetuar el dolor si queremos... volverlo sufrimiento... a nombre de Dios o de alguna terapia... y andar de justificándolo. Podemos insistir en lo falso disfrazado de lo cierto: adoptar costumbres cómodas y creencias de cualquier tono, color o matiz. Y andar justificándolo... el negocio es ese... hay quien se vende por seguridad...

Pero como en algún momento tendremos que hacernos cargo, ¿porqué no hacerlo ya? La pregunta no es ¿porqué me hiciste lo que me hiciste, señor? que es excluyente... sino ¿porqué me duele?... ¿qué hay detrás de todo esto?... sin protesta o disociación alguna...  ¿dónde me enganché?... ¿cómo es este "abuso" parte de mi propia historia...???

Incluyéndolo, incluyéndome, incluyendonos... razgo por razgo...  despacio... más allá de toda terquedad.

Bueno, sí, pero ¿cómo guiarme en el proceso? dijo la mula...

Bueno, pues, descifra la emoción... que es el lenguaje del alma... contestó el arriero...

La emoción delata... es el instrumento perfecto que nos permite saber cómo y cuándo nos perdimos, cómo y cuando nos estancamos. Es la voz que nos dice "te saliste de tu centro"... sin importar mucho si es roja o verde, fría o caliente, intensa o pálida. Sin importar mucho si estoy dando alaridos de la dicha o sumido en la más terrible depresión.

La emoción delata. Lo digo como un hecho psicológico simple. Delata el juicio, por ejemplo, que viene siempre acompañado de una molestia reconocible...

Delata la terquedad... y su rabia correspondiente...

...

en últimas, delata la creencia fija, aquel consabido "yo merezco algo diferente... mejor...

"

sniff, sniff, emocional, snifff que termina siendo siempre en el callejón sin salida...

¿en el callejón sin salida?

Sí. Nadie merece más de lo que tiene... que no lo entienda aún es otra cosa..

El universo es un proceso sabio, equilibrado; así que la idea del "merecimiento", tan nuestra, tan humana, es poco más que un brote neurótico,  inmaduro, infantil... irresoluble... la tentativa de equilibrio de la mente carente... comparación y juicio encarnados. Y quien valide aquello a través de un discurso dulzón, se mete en una trampa dolorosa, zanahoria y garrote incluídos: busca el reconocimiento, o la estabilidad, o la aceptación; recibe el "respaldo" y la "legitimidad" que ofrece esa racionalidad incipiente, se tranquiliza temporalmente, convencido de estar en lo cierto... pasan algunos años "felices"... pero al poco tiempo termina enredado en la lógica burda... en la culpa... La vida tiene sentido del humor. Negro.

Tal vez para hacer evidente que por cualquier camino llegaremos a lo mismo.

El camino es uno sólo. Sin escapatoria.

La pregunta "¿cómo saber que me volví terco?", pues, se contesta en la emoción... ¿estoy estancado?... encoñado con la triste idea de "merecer" algo "mejor"? Buena pregunta...

Pero como nadie puede contestársela a otro, observa, registra y documenta la emoción, empezando por la que más te duele, o atormenta...  asociándola con la terquedad,

Ahi tendrás tu respuesta....

Si empiezas a descifrarla, con pelos y señales -a usarla como instrumento - la emoción, que depende poco del intelecto, advierte, concreta, anticipa e ilustra. El "sentir" es un instrumento poderoso. Sobre todo si cambias una y otra vez de cojín, de posición: plantéate hoy como víctima y mañana como victimario ... una y otra vez.... hasta que quede clara la relación circular entre estas posiciones...

..  en el yo con yo.

Y recuerda: lo sano se reconoce por su silencio... lo maduro no duele, ni emociona... la mente adulta permanece siempre serena. No reacciona.

Actúa... pero no reacciona. 
Solo observa el fenómeno.

Pero ojo... no basta con observar algo para resolverlo... es preciso luego verlo, disecarlo, estudiarlo, de manera amplia, abierta, con formas y posturas sueltas, claras, cosa que tendremos que aprender con el tiempo y con el otro...  con un legítimo otro... paso por pequeño paso; mas allá de la protesta, y de la angustia... hasta que podamos salir a la calle o al foro o a la empresa y denunciar, con buen humor, ya no la "injusticia", sino el estancamiento propio ... a la manera elocuente de Les Luthiers: "¿Por qué te fuiste, mamá con ese vil antipático? ..."¿Por qué te fuiste, mamita... ? ¿qué tiene él que yo no?...

... porque aunque el lamento suene divertido en el escenario, resulta patético en la vida real...

El letargo quejumbroso, el de la supuesta "víctima",  no tiene porqué continuar. Podemos salirnos, confieso, de ese esquema de pensamiento que le da origen al sufrimiento... con una sonrisa en los labios, sí... como lo hacen los cómicos gauchos. Y así dejar en claro que aunque la "pobreza" y la "fealdad", juntas, como suele suceder en la realidad, tiendan a empeorar... puedo, y podemos todos, aprender a preguntar, de manera abierta, ¿a mí porqué me duele..? repetidamente una y otra vez....

Tal vez lo sucedido con papa, mamá y/o pareja fue (es) apenas el escenario perfecto para aprender a aprender. Tal vez nunca hubo daño, je, je... solo el recuerdo de doloroso de mi propia inmadurez, de mi juicio y de mi obstinación y, por supuesto, de mi  "negocio".

Como niño (fisiológico y/o psicológico) interpreté la ausencia de mi padre como "daño", es cierto, pero superada la pataleta, ahora de adulto, la entiendo como un regalo. Sin ese estímulo, jamás habría llegado hasta aquí.. Gracias, padre... no tuviste realmente opción... no podías haber hecho otra cosa. Gracias por no encontrar los recursos, alabado sea el Señor, para cambiar mi destino.

Acepto mi destino. Asumo mi destino. Con una sonrisa en los labios.

Nunca hubo daño, en realidad, sino malformación del pensamiento: condicionamiento viciado..  acaso pequeñez, esa tendencia a culpar... que ahora da origen a una buena pregunta... sí, a una pregunta abierta, solvente, más allá de la creencia infantil en el "daño" percibido: ¿será que me quedé enredado en la culpa inútil?   
¿cómo reestablecer el equilibrio?
... hasta ahora no he hecho sino pelear con ello...

¿Tendría mi padre o mi pareja o mi amigo o mi jefe un proceso propio, ignorante...? ... ¿estoy peleando con ellos o conmigo mismo? ¿Tendría mi madre un proceso propio, tan incipiente e ignorante...? ¿ limitado como todos...? ¿Vendrían ellos a esta vida con un mandato: a hacer y decir  lo que hicieron y dijeron?

¿Es decir, cumplieron con su rol a la perfección...?  para darme una oportunidad a mí?

¿El ignorante, entonces, soy yo?

Si entendiera su "traición" como aporte...  tal vez podría acceder a una postura adulta, en la que no hay nada qué perdonar jamás. En la que bastaría agradecer  (preguntar) para liberame. En la que nada falta ni sobra... en la que los procesos empiezan a fluir, sin interferencia. Y se vuelven comunes...

Tal vez los recursos, incluso los psicológicos, sean de todos o de nadie. Indirectos.

No busco liberarme de mi familia... soy libre... desde el principio (nacimiento) lo fui... 

No busco superar mis traumas... resuelvo hoy, sí hoy, a la historia implícita... corto la cadena ancestral... de ahora en adelante acompaño... estudio.

Nadie tiene la culpa de nada.

Es más, nadie sabe para quien trabaja....

... que no lo hubiera entendido sino hasta ahora, es otra cosa.

Y al mirar la estructura y naturaleza del anclaje con ojos abiertos, muchos ojos abiertos, inocentes... y recuperar así lo que siempre fue nuestro: la dignidad, la bondad, la compasión y sobre todo el acto amoroso.... puedo, podemos todos, sonreír.

En silencio. Gracias.

Reflexiones sobre el dolor

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